Resumen:
A partir de 1978, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, China emprendió un proceso de
reformas económicas que transformó profundamente su estructura productiva y su
inserción en la economía mundial. En un contexto de Guerra Fría marcado por la
rivalidad ideológica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el país logró
reposicionarse estratégicamente sin alterar su régimen político de partido único. La
provincia de Guangdong se convirtió en un caso emblemático de esta transición: pasó
de ser una base agraria para consolidarse como uno de los principales polos industriales
y exportadores del país.
El gran desafío fue impulsar este cambio manteniendo la continuidad política de un
régimen centralizado, pero introduciendo mecanismos de mercado que redefinieron los
incentivos productivos: la creación de Zonas Económicas Especiales (ZEE por sus
siglas), la implementación de incentivos fiscales, la atracción de inversión extranjera
directa y la formación de capital humano orientado a la absorción tecnológica. Shenzhen,
convertida en un verdadero “laboratorio económico” de las reformas, junto con las demás
ZEE, funcionó como plataforma para la transferencia tecnológica y la modernización
industrial.
Desde la perspectiva del modelo de etapas de crecimiento de Rostow, China logró el
“despegue” (take-off) no solo por precondiciones estructurales, como una población
abundante, disciplinada y con educación básica, sino por la adopción deliberada de
políticas orientadas a la apertura gradual, la acumulación de capital humano y la
inserción selectiva en los flujos globales de capital y conocimiento. Este trabajo analiza
cómo la experiencia de Guangdong, con Shenzhen como epicentro experimental, ayuda
a comprender la coexistencia entre el crecimiento económico acelerado y la persistencia
autoritaria, aportando evidencia sobre los mecanismos que permitieron a un sistema
político cerrado sostener un proceso de industrialización e integración global sin
democratización.