Resumen:
En la Argentina, se evidencia una marcada carencia de complejos habitacionales adaptados a las necesidades de las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Esta situación genera múltiples problemáticas, entre ellas la falta de espacios sensoriales seguros, la inexistencia de zonas de calma, viviendas no adaptadas, y una baja autonomía que incrementa los riesgos de accidentes. A su vez, se suma la escasez de apoyo profesional capacitado y la ausencia de residencias supervisadas, lo que limita las oportunidades de integración social y de vida independiente. De acuerdo con datos de la Agencia Nacional de Discapacidad, hasta octubre de 2023 se registraron 114.389 personas certificadas con TEA en el país, cifra que representa el 8,5% de las personas con certificado por deficiencia mental o psicosocial. Si bien existe una cobertura sanitaria formal adecuada, más de cuatro de cada cinco personas con TEA no reciben asistencia previsional, lo que refleja una fuerte vulnerabilidad económica y social. Ante este escenario, el informe busca analizar las problemáticas existentes, los factores sociales y sanitarios vinculados, y los objetivos que orientan la creación de entornos habitacionales adaptados que promuevan la integración social y el apoyo a las familias y cuidadores.
Problemática:
Las dificultades que enfrentan las personas adultas con TEA para alcanzar una vida autónoma y segura, así como para integrarse plenamente en la comunidad y transitar el camino hacia su independencia.
Justificación de problemática:
Según datos de la Agencia Nacional de Discapacidad (2023), en Argentina se registran 114.389 personas con diagnóstico de TEA. Entre ellas, solo un 3,4 % de las personas mayores de 16 años se encuentra trabajando, en contraste con el 12,6 % de la población con discapacidad certificada en general. Esto refleja una marcada exclusión laboral en la adultez. En materia educativa, si bien el 88 % de las personas con TEA de 3 años o más ha concurrido alguna vez al sistema educativo, apenas un 31,9 % recibió apoyos o adaptaciones y un 28,3 % de los mayores de 10 años declaró no estar alfabetizado. Esta realidad limita la continuidad en estudios superiores y la formación laboral, generando una barrera temprana que repercute directamente en la adultez. En este contexto, la falta de complejos habitacionales adaptados a personas con TEA genera un déficit habitacional específico: los adultos con autismo suelen vivir en entornos no preparados para sus necesidades sensoriales y de autonomía. Esto produce consecuencias directas como estrés, riesgos de accidentes, exclusión social y sobrecarga familiar, afectando su posibilidad de alcanzar una vida independiente y segura.
Problemáticas consecuentes:
- Falta de viviendas adaptadas: Falta de espacios sensoriales, luz regulable, muebles seguros.
- Dificultades de autonomía y seguridad: Zonas de